jueves, 30 de noviembre de 2017

Otra vez ese olor...


Decimus ya estaba acostumbrado a aquel olor, llevaba conviviendo con él desde que su amo le vendió para pagar ciertas deudas, separándole así a los quince años separándole de todo cuanto había conocido. Pero pese a los seis años que había tenido para acostumbrarse, a sus casi veintiún años aquello aún generaba en él la más pura sensación de asco; algunos de sus compañeros de profesión lo llamaban "el aroma de la gloria", otros incluso lo denominaban "el aroma de la libertad"... Para él aún era el hedor de la muerte.

Una vez más notaba aquel olor en el aire mezclado con otros para él ya familiares como el sudor y la arena, un día más se encontraba en aquel escenario sangriento, en aquel juego que a un puñado de los suyos les había dado fama y riqueza, pero a otros tantos les había arrancado la vida entre el clamor de las exaltadas masas que coreaban el nombre de quien le ejecutaba. Allí estaba, en el Anfiteatro Flavio dando a Roma su tan ansiado espectáculo y otra vez se había alzado como el vencedor de la contienda. Pero en aquella ocasión tuvo un derroche de mala suerte, pues debió mirar como el emperador Lucius Aurelius Commodus alzaba su dedo corazón y apuntaba a su pecho, condenando así al gladiador en el suelo a muerte mientras Decimus se preguntaba cuántos habían muerto ya, los gladiadores eran caros y rara vez se daba la orden de matar... Pero estaba seguro de que en aquellos juegos en honor al difunto Marco Aurelio había pasado por el filo de su espada más hombres que en el año anterior en conjunto. Y eso hizo una vez más, mirando a los ojos al hombre con el que había compartido el pan el día anterior, atravesó con su gladius su pecho como el emperador había pedido apenas un segundo antes, dando por terminada la vida de Marcus y su jornada pues el sol ya se estaba poniendo.


martes, 21 de noviembre de 2017

Do not forget love and life

Si Viktor fuera capaz de dar marcha atrás en el tiempo para decirle una única cosa a su yo del pasado iría directo a su yo de apenas seis años que colocaba por primera las cuchillas sobre el hielo y le pediría que por favor no descuidara el amor y no se olvidara de vivir, pues el ruso había olvidado aquello durante veintiún años hasta convertirse en una leyenda viva. Una leyenda viva que despertaba cada día en una cama matrimonial con un lado frío,una estrella de vida inmensamente gris y rutinaria que había perdido toda ilusión por mucho que aún continuara creciendo su brillo... O al menos había sido así hasta el anterior año.
Al despertar aquella mañana el hombre de platinados cabellos esbozó una -si bien adormilada- feliz sonrisa, pues como desde hacía ya unos meses, había un ángel a su lado. Un ángel con ansiedad, ojos marrones y oscura cabellera negra que danzaba sobre el hielo con tal gracilidad que le había hecho recuperar el amor por el deporte y le había hecho recordar... No, le había hecho conocer, lo que significaba ágape, lo que significaba el amor incondicional. Su ángel japonés que respondía al nombre de Yuri.
"До́брое у́тро, Yuuri" ―murmuró el de ojos cerúleos mientras jugueteaba con uno de los cabellos de su pareja entre sus dedos mientras este abría los ojos lentamente.
""До́брое у́тро, Vitya" ―fue la respuesta dada por el menor de ambos con aquella combinación tono adormilado y pésima pronunciación que tan tierna le parecía a Victor. Tras aquello dio inicio su ya conocida rutina: levantarse, desayunar, vestirse, entrenar con Yakov durante prácticamente todo el día, volver a casa, ducharse, cenar, ver las noticias y dormir. Rutina agotadora donde las hubiera, pero mil veces más agradable con su renovado espíritu competitivo y, sobretodo, con su amado entrenando en el mismo hielo.


Epithelial (Crywolf & Echos):
Loneliness is hard to rid 
When you’re stuck inside your mind
Hold me close, feel my breath
Let me in your empty chest
Let me breathe
Oh, let me breathe 
Art by: mega-truong






miércoles, 15 de noviembre de 2017

Pesadillas

Ya estaba acostumbrada a aquella palabra que describía con vagueza lo que pasaba. Pesadillas, malos sueños. El encierro sólo era un mal sueño, la sensación de ahogo era un mal sueño, el constante temor a que me viera en la calle sin su permiso, a que encontrara la comida que escondía bajo mi cama y que estaba prohibida, la sensación de pánico que se hacía presente en lo más profundo de mi ser cada vez que veía aquellos cuchillos expuestos en una vitrina cristalina como "decoración"... No, como advertencia, el pánico que me invadía cuando en aquella casa no quedaba nadie salvo él,el monstruo de mis pesadillas... El monstruo que se pasaba cada noche por aquella habitación que ocupaba y en la cual veía ojos demoníacos observándome desde cada rincón... Pesadillas... Eso quería que fuera lo que veía al cerrarlos ojos, no al abrirlos como era el caso. Mi vida era una constante pesadilla de la que sólo Hipnos me liberaba cada noche al cerrar los ojos.